La crisis vista por un ciudadano de a pie. (2) El sistema autonómico.
28 de Febrero, 2010Consciente de que la moda imperante en la política no es ir contra el sistema autonómico, no me voy a dejar llevar por un radicalismo que en nada es positivo, creo en la necesidad de las autonomías pero no en el estado en que se encuentran. Viví los comienzos en Catalunya, también las transferencias desde la Secretaría de Estado de Admón. Territorial en Madrid y vivo el absurdo de una comunidad autonómica, la madrileña, a la que aún no he encontrado sentido y no veo qué la distingue de otras muchas provincias castellanas como para tener entidad de autonomía.
Sufro, como tantos conciudadanos, los resultados de lo que nosotros hemos elegido y que tiene todas las trazas de un continuismo tan peligrosamente liberal que nadie puede aventurar lo que nos va a quedar, realmente nuestro, cuando Aguirre haya terminado con las “rebajas”.
Bajo mi visión de ciudadano me pregunto cómo se pueden sentir determinados líderes cuando machacan al gobierno central manipulando los votos haciendo leña del árbol caído de la economía. No creo que, como me decían compañeros de hace muchos años, en la guerra y en la política todo esté permitido. Que existe mucho juego sucio es indudable, entra dentro de las reglas, pero la ausencia total de ética y el descaro más absoluto resulta demasiado.
Vivo en el Ayuntamiento más endeudado de España con una enorme diferencia. En una de las CCAA que se encuentra encabezando los desastres financieros más descarados, junto con otras del tipo de la valenciana. Pozos sin fondo de inversión que se pierden en la paupérrima gestión que se realiza, con una escasa o nula preocupación por el desempleo, por poner freno al gasto, por arrimar el hombro ante la crisis. Ejemplos de lo que no se debe de hacer culpan sin el menor rubor de todos los males a un gobierno estatal. Y eso es el PP.
Pero no son los únicos. Todas las administraciones están endeudas salvo contadas excepciones. Según Durán, CiU, “hay que pensar menos en las próximas elecciones y más en las próximas generaciones”, no cabe duda de que son sabias palabras, lo malo es que sólo sean eso, palabras. También el PNV se muestra abierto al diálogo por superar la crisis, cierto que ellos sólo hablan de Euskadi, como un fenómeno aparte y ajeno al resto del país. ¿Les falta razón? Tal vez no. No sé cómo se verá, pero a mi parecer se ha profundizado tanto en las transferencias, se han traspasado tal cantidad de servicios que, tal vez, sería mejor y más económico considerar un sistema federal. De no ser así, estoy de acuerdo con algunos grupos que indican la necesidad de un cambio político.
La primera modificación de ese cambio sería sumamente impopular, pero entiendo que muy necesaria, aunque es evidente que costaría el paso del gobierno a la oposición. El blindaje de las autonomías no es permisible. Lo sería un nivel elevado de autogestión, pero no el caparazón que envuelve a las actuaciones de los distintos gobiernos. La deuda pública local está a niveles alarmantes y no se hace nada, cuando va en detrimento de todo el país pues es una caries en la economía nacional y en el tejido empresarial que, de poder valorarse, etiquetarían con tres B la totalidad del mapa hispano. Y cuando algo no funciona ¿por qué no poder intervenir? Según las célebres palabra de Donne “Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo del continente, una parte de la tierra”, las instituciones no son distintas, ninguna isla independiente, forman parte de una estructura que debe funcionar, y si no lo hace se ha de buscar la solución, al nivel que sea.
El Estado debe tener herramientas sólidas con las que intervenir y hacerlo siempre que existan dejaciones o malos usos del poder, a cualquier nivel. De acuerdo que podríamos entrar en el juego de quién controla al controlador, pero tan solo sería un juego.
Si existen unas necesidades económicas, sería lógico un estudio real sobre las mismas, en distintas capas o estratos, desde una pedanía, si es que tiene gastos independientes cosa que ignoro, hasta una Comunidad Autónoma o sobre la Administración Central, en la que entraré en otro escrito.
De darse un gasto público, también serían lógicas unas auditorias sobre el mismo. Conocer cómo, por qué y de qué forma se ha invertido un dinero que es de todos. Y ponderar los resultados y la satisfacción ciudadana.
Resulta cuanto menos curioso el caso madrileño. No son pocas las personas con las que he hablado y justifican el gasto pensando en una ciudad que realmente se beneficia del mismo, evidentemente no habían pasado por estos barrios obreros. Debo reconocer que se le da igual de bien al querido alcalde Gallardón, llenar de agujeros faraónicos, y en gran parte inservibles, el subsuelo de Madrid como fomentar una imagen de sus actos y su persona. Un ejemplo es la Expo Shanghái 2010, con el lema “Mejor ciudad, mejor vida”, donde nuestro edil quiere presentarnos aún a costa de centros subvencionados por el Ayuntamiento por muy privados que sean. No es discutible que sabe vender imagen, aunque sería deseable que supiese gestionar.
Este país no puede ser un inmenso reino de taifas, no es permisible, a pesar de independentismos, separatismos, y todos los ismos posibles. No es permisible que se juegue ni política ni económicamente con nuestros puestos de trabajo, con el bien social, con el futuro. Varios han sido los expertos que tras el fenómeno griego han puesto sus ojos en España, empezando por el propio Almunia. Pienso que hoy no se da, pero un país no puede soportar tanta carga, no si quiere estar en la cabecera de Europa. Y para ello hay que rebobinar y retomar unos controles que se han difuminado, por acabar con los casos Gürtel con las autoridades comunitarias y locales implicadas y que nos conducen a todos a un descrédito de la clase política que no es tan solo un retroceso democrático sino una desvirtualización del sistema.
Un saludo
JLF
El PP se escandaliza por una prevista subida de impuestos proporcional a las rentas, es decir, un incremento de las cargas fiscales empezando por los que más tienen, habida cuenta del coste que está implicando la crisis y el desempleo para el herario público, con el consiguiente déficit, resultando una postura hipócrita pues la derecha madrileña no tiene ningún reparo en incrementar la recaudación vía imposición indirecta.
300%, lo que deben agradecer enormemente los talleres. Al menos donde hay muchos vecinos se diluye pero cuando es únicamente un negocio como un lugar de reparación de vehículos, es un enorme gozo.






