Clínica López Ibor, un ejemplo de lo insano
18 de Junio, 2010El sistema sanitario en Madrid es totalmente penoso, creo que no hay lugar para la duda, pero si nos referimos a salud mental pasa al nivel de escándalo insufrible. He vivido durante muchas décadas y aún vivo el ambiente de la psicología y la psiquiatría, sé de lo que hablo, conozco la crisis actual en la que psicólogos de toda la vida ahora carecen de capacidad hasta que no se solucione el problema presentado por el Ministerio, pero no me interesa en estos momentos entrar en ello, sólo quiero denunciar la precaria situación de los incapacitados psíquicos, a todos los niveles.
Lógicamente no hay quejas o son mínimas, ¿quién cree a la “persona esa medio loca”? La incultura social en este ámbito es entristecedora. Y los medios públicos tan ínfimos que personalmente soy testigo de dar una cita a tres meses vista a una persona con esquizofrenia en un grado alto. Desconozco el nombre, tan sólo estuve presente en la discusión, y el alegato era la falta de medios.
Hay centros de la Comunidad, de hecho me refiero a ellos en esa demora en la cita, pero tan absolutamente saturados y tan carentes de especialistas que hay muy pocas opciones. Quien puede lo paga de su bolsillo, o se asocia en algún seguro sanitario que no son precisamente económicos o, en último caso, resta la dependencia a unos medios públicos difíciles de llegar y mucho más de conseguir un trato apropiado.
En este caso voy a copiar el texto que me envía una persona, Giovanna, que merece todos mis respetos, afecto y credibilidad. Si tuviese alguna duda de la veracidad de su narración no la publicaría, pero no la tengo. Y que una clínica del renombre de la López Ibor tenga el funcionamiento que describe es, cuanto menos, para publicarlo.
Personalmente no me extraña demasiado. Hace ya muchos años, en vida del fundador a quien conocí, al igual que uno de sus hijos pues tuve que ayudarle tras un accidente en motocicleta que dio con su cabeza en el bordillo, como digo conozco de entonces algún caso muy serio que no puedo narrar porque carezco de autorización para ello. Pero sí puedo copiar el siguiente porque estoy autorizado para hacerlo y quien lo lea, que juzgue por sí mismo intentando ponerse en el lugar de la persona afectada. Dice así:
¡Ponga usted una querella o las denuncias que la dé la gana, pero aquí no llame más! Sin más, sin que yo pueda responder, cuelga. Quien me sugiere y, a la vez, coarta mi libertad prohibiendo algo que tengo que seguir haciendo, es la persona que trabaja en la centralita de la Clínica López Ibor. Vuelvo a llamar porque el trato es completamente vejatorio, lo de hoy es ya algo habitual, no es la primera vez ni será la última, no sé si será el protocolo a seguir, parece que sí. Me pregunto si así tratan a todas las personas que, por desgracia, sufrimos enfermedades mentales y que, por ende, son las que le dan de comer tanto a ella como a todos los trabajadores de la Clínica López Ibor. Sin nosotros no habría clínica. Vuelve a ponerse la misma persona, eso sí, como siempre tienes que esperar una media de más de veinte minutos, cuando no es casi dos horas tratándose de una urgencia, o sencillamente no responde nadie al teléfono; la pregunto, en un tono bastante sereno, teniendo en cuenta lo escuchado minutos antes, que si considera que es un trato correcto el que… no he podido terminar la frase ya que me ha dicho que mi informe está allí y me ha colgado de nuevo. Obviamente la crisis de ansiedad que se desencadena la tengo yo, no ella. La impotencia, el sentirme una mierda, el que tenga más ganas de quitarme la vida porque hasta una persona que no me conoce, ni conoce cuál es mi problemática se atreve a hacer de ti lo que quiere, ¡claro! Como soy una enferma mental, mi opinión, mis sentimientos no cuentan.
Pongo en antecedentes. Desde hace meses soy paciente de una psiquiatra de la Clínica López Ibor. Mis citas con ella son cada dos semanas, los miércoles. La última que la vi fue el 14 de abril de 2010, en esta ocasión no me dijo que pidiera cita para dos semanas después, pensé que fue un despiste por parte de ella al que no le di importancia, ya que estuvimos celebrando mi cumpleaños que había sido el día anterior. Total, tampoco tiene que estar diciéndomelo cada vez que voy, ya es la dinámica habitual. Por un trauma que arrastro y otra casuística nueva, pero con relación con éste, hace que mi ansiedad aumente, que el insomnio sea imposible de combatir, que la medicación sea precaria para el estado en que me encuentro, y que vaya cayendo en una depresión más profunda.
En un principio la dejo un recado en el contestador, no me gusta ser pesada, ni molestar, aunque ella me tiene dicho que llame siempre que lo necesite, da igual la hora. Según transcurren los días, insisto de nuevo, pero a pesar de que me da línea nadie lo coge y al final salta el contestador, vuelvo a dejarla recado. Según se agrava mi estado, ya no soy la única que intenta dar con la psiquiatra; la psicóloga que me trata, que ya ha hablado varias veces con ella, tampoco lo consigue, y un tercero, conocido también por la primera. Son muchísimos recados en la que se la informa de la gravedad, pero no hay respuesta. También se intenta a través del teléfono de la Clínica López Ibor, pero quien se pone argumenta que ese día no trabaja, que llame otro día, etc., pero en ningún momento la verdad.
El sábado 8 de Mayo llamo a Urgencias de la Clínica López Ibor, ya que mi psiquiatra está desaparecida y mi situación es insostenible. Es de madrugada, me encuentro fatal, con una crisis muy fuerte, síntomas horribles, llevo cinco días sin dormir, hundida. Me pasan con el médico de guardia, intento contarle cómo me siento, lo que me sucede, pero me corta, se limita a preguntar cuál es la medicación que tomo, le respondo, alude que no puede subir la dosis porque la que tomo es muy alta y que además no me conoce, tampoco hace nada por saber qué me ocurre, a pesar de escucharme llorar, de rogarle para que me ayudase; creo que cualquiera sin ser médico podía percibir mi desesperación, en ningún momento me “invita” a que vaya a la clínica para ser tratada o proceder a un ingreso, me recomienda que tome un Orfidal y que espere a que tenga cita con mi psiquiatra, sea cuando sea y, a continuación, cuelga.
Al día siguiente, 9 de Mayo llamo de nuevo, sigo igual, incluso he tenido que auto medicarme con procedimientos de otros médicos en caso de caos, límite… he pasado la noche despierta y sintiéndome peor a raíz de la respuesta del médico, quedé estupefacta, sin articular palabra cuando colgó, pido que me digan su nombre y número de colegiado para interponer una queja, incluso una demanda, la persona que me atiende al teléfono me dice que esos datos no me los puede dar, luego realmente dice que no la da la gana dármelos. Pido hablar con el médico de guardia, cuando éste escucha lo ocurrido con su colega, me pide disculpas, intenta camelarme amablemente para subsanar la mala praxis de su colega, pero ya mi estado es muy lamentable, intenta que le cuente y así lo hago, incluso llega a hablar con un familiar mío. En ese momento se produce una crisis psicógena en mi persona, en la que intento quitarme la vida. Es mi familiar quien tiene que pelear y luchar hasta conseguir poder hacerse conmigo, lo consigue porque sabe qué hay que hacer, pero de haberme pillado sola o con otra persona hubiese conseguido lo que las voces querían que hiciera, y ahora no estaría escribiendo. Toda la vida se lo agradeceré, pues estoy viva gracias a él. La crisis no sé si se hubiese producido o no igualmente, pero si el psiquiatra la noche anterior me hubiese ayudado las cosas no habrían tenido ese final, un final que se me ha quedado bien marcado en la memoria.
A la mañana siguiente se consiguió saber dónde estaba mi psiquiatra, información que no obtuve a través de la Clínica López Ibor, sino a través de terceros. Estaba de vacaciones, información que tenía que haberme dicho la última vez que la vi, al menos, para saber qué pasaba conmigo en ese periodo, como por ejemplo para ser derivada a otro profesional mientras ella, con todo su derecho, disfrutaba de su mes de vacaciones. Esa misma mañana, la misma persona que consiguió que no me quitara la vida, que aguantó mi rigidez, mis patadas, mis golpes, se puso en contacto con una psiquiatra porque tenía mucho miedo por si se repetía, mi familia sabe que debido a un ingreso psiquiátrico, y lo que sucedió en éste, no quiero volver a ingresar. Pero se necesitaba una valoración de un psiquiatra por si tenían que pedir una orden judicial, psiquiatra que tuve que pagar de mi bolsillo.
Días más tarde volví a llamar a la clínica, cuando desvelé que mi psiquiatra estaba de vacaciones entonces se me echaron encima, creo que es la supervisora, me dijo que sí, que lo sabían, pero que no era una información que tuviesen que decirme, que allí no se derivaban los pacientes cuando un psiquiatra se iba de vacaciones, en un tono muy hostil durante toda la conversación. Pedí hablar con la directora, dicen que no va por allí. Creo, y de esto sé, que debe haber una persona que se encargue de la clínica. Esa persona me dijo que, cuando volviese mi doctora, lo hablase con ella, y fuera a ésta a quien argumentara lo ocurrido. Cosa que no entiendo, no entiendo que no den la cara, que tenga que dejar recados a una auxiliar en prácticas que no sabe ni qué responder. En todo momento me he identificado, cuando pedí el nombre de la persona con la que hablaba me dijo que no me lo daba y otra vez por los mismos motivos, vamos, porque no la daba la gana. Me dijo que sabía quién era yo, y colgó.
El día 01 de Junio llamé a la Clínica López Ibor porque me encontraba fatal, incluso sin contar con nadie, pensaba ingresarme. Por casualidad, pregunté por mi doctora y me dijeron que estaba de guardia, se puso al teléfono. La pedí explicaciones y se defendió con un tema que no quiero tratar, yo soy legal y fiel a lo que me cuentan, hablamos y me comentó que no tenía ni idea de lo ocurrido y que lo pondría de manifiesto a la directora. La cuestión es que estuvo hablando conmigo muy amablemente durante un buen rato, tuvo una urgencia y la primera que la dijo que corriera fui yo, pues he estado en esa situación, me dijo que la volviera a llamar en media hora. No pensaba llamarla, pero quería darla las gracias y despedirme, y pedir cita con ella para verla, me tiré más de dos horas llamando sin que nadie me cogiera el teléfono. Cuando volví a hablar con mi psiquiatra, algo había ocurrido, ya no era la misma, me dijo que ella era honesta y que lo sentía pero que no podía ayudarme, y colgó. No comprendí nada.
Como ahora tengo que volver a buscar a otro psiquiatra, la he llamado varias veces a la clínica pero no he dado con ella hasta pasado varias semanas, quería un informe del tiempo que he estado siendo tratada con ella.
La llamada de hoy era para saber si estaba el informe y si podían mandármelo por correo ordinario, pues tengo una depresión muy fuerte, y no tengo una persona que pueda desplazarse hasta allí, me han dicho que no, lo he aceptado, y he preguntado por la doctora porque tenía un tema que tratar con ella, allí no saben ni que médico está o no pasando consulta. Así me han tenido mareándome estas dos últimas semanas, diciendo que llamara que la doctora sí estaba, luego que llamara más tarde porque aún no había llegado, para después de pasar horas, confirmar que la doctora ese día no trabajaba. También ha ocurrido al contrario.
Hoy, he preguntado a la señorita que coge el teléfono, ya que no soy ya paciente de la doctora, qué pasaba con el tema de hablar con la directora, me ha intentado pasar con otra persona, no con la directora, cuando creía que ya me habían pasado se volvía a poner ella, y volvía a decirme que volvía a pasarme, y así más de quince veces, como siempre. Me han colgado. He vuelto a llamar y me han dicho que para hablar con la directora había que pedir cita, algo que jamás se me había dicho antes, he pedido que me pasaran, otra vez he hablado con la señorita de la centralita, ha intentado volverme a pasar con alguien que ella ha dicho que se llamaba Geli, de pronto, al ponerse de nuevo, me ha preguntado si era Giovanna, he respondido que sí, me ha dicho que siguiera a la espera, me he mantenido a la espera, y al volverse a poner es cuando me ha soltado “¡Ponga usted una querella o las denuncias que la dé la gana, pero aquí no llame más!”. Como he mencionado, he vuelto a llamar y cuando he intentado a hablar lo único que me ha dicho es “Aquí tienes el informe” y, a continuación, ha colgado.
Un saludo
JLF y Giovanna Palamidessi
raelí a asesinato.
parece propaganda barata, sin más trascendencia. Prefiero referirme al partido de la oposición, a la derecha más radical española.
rcentaje muy alto.





